
Karl T. Ulrich, un profesor universitario, tomó la decisión de construirse una cabaña en unos terrronos que tenía al sur de Vermont (EE.UU.), un hermoso lugar muy bien comunicado por carretera durante todo el año, y situado cien metros por encima de un arroyo. Lo que Karl quería era algo parecido a la cabaña Walden de Henry Thoreau, un diseño simple y minimalista para poder disfrutar algunas veces al año, y que no requiriera mantenimiento, construida sobre una roca y en un par de semanas, eso sí, con la ayuda de toda la familia.





