Trojena y la ambición saudí de convertir la montaña en un manifiesto futurista
Trojena es el lugar donde Arabia Saudí decide que la geografía ya no manda. Aquí, en las montañas de Tabuk, quieren construir un destino alpino que sirva como declaración de poder, estética, y tecnología. Y lo van a tener que demostrar con una infraestructura real, porque son sede de los Juegos Asiáticos de Invierno de 2029. Para lograrlo deben tener una parte esencial terminada en 2026, un plazo tan ajustado que parece escrito con el optimismo de Elon Musk. El conjunto es bastante ambicioso porque reescribe el imaginario del alojamiento de lujo, con hoteles, viviendas, y edificios que no parecen creados en el siglo XXI, sino por una civilización mucho más valiente (temeraria?) y avanzada.

Trojena entre la nieve real y la nieve que habrá que fabricar
La montaña Gebel Al Lawz presume de nieve invernal, pero no de la que exige un evento continental con 30 kilómetros de pistas. Así que, más allá del romanticismo alpino, la realidad es cruel: se necesitarán cantidades industriales de nieve artificial. Para conseguirlo, el plan consiste en bombear agua desde el Mar Rojo hasta una altura de más de dos mil metros. Y desalarla antes de pulverizarla en forma de nieve sobre las pistas de esquí. Es un proceso que combina tecnología, energía, y buena dosis de fe en la operación, tanto por lo costoso como por el poco tiempo del que se dispone.
En la propaganda oficial se puede ver un espectacular lago artificial, pero los textos de artículos críticos señalan que ese lago es más bien pura utopía. Y no les falta razón, porque ese abastecimiento tan forzado no tiene la pinta de ser una infraestructura sostenible.


Arquitectura imposible para un proyecto que parece de otro planeta
Trojena es parte integral del plan maestro de NEOM, y por eso mantiene su línea visionaria, con un amplio catálogo de artefactos arquitectónicos. Motivo por el que no debe extrañarnos que en ese paisaje montañoso haya rascacielos. Uno de ellos es el Discovery Tower, de 330 metros, diseñado por Zaha Hadid Architects, así como el Mountain Observatory.
En la colección para Trojena sorprende una megaestructura con pistas de esquí en cubierta, que luego se extienden ladera abajo. Otra de las imágenes muestra una extraña aldea futurista que parece plegarse (The Vault), a modo de origami monumental. Pero una las piezas clave del proyecto es su lago suspendido de 2,8 kilómetros, que deberá funcionar como reserva hidráulica.
Aparecen también en el vídeo promocional otras estructuras, incluido un rascacielos con fachada escamada, pero ninguna de ellas tiene autor confirmado ni ficha pública. Según la web oficial de Neom, ese extraño rascacielos es del Centro de Visitantes Mirage. Podría tratarse de arquitectura conceptual añadida para reforzar la narrativa visual de Trojena, más cercana a la propaganda futurista que a un proyecto con contratos firmados.

El dilema sostenible de Trojena que nadie acaba de explicar
Con toda esta osadía arquitectónica, Trojena se presenta como modelo sostenible a seguir. Pero su funcionamiento depende de una cadena logística tan compleja, que arroja demasiadas interrogantes. Hablamos de bombear agua hasta el lago, crear y mantener pistas de esquí con nieve artificial, o un campo de golf de 18 hoyos y 300 metros de desnivel. A todo ello hay que sumarle la creación de 2.200 viviendas, 3.600 habitaciones de hotel, y un centro industrial. Por cierto, que Trojena también tendrá aeropuertos, porque el futuro no espera colas.
Toda esa lista de retos se ha topado con la realidad de recortes en los presupuestos, numerosos retrasos, y la posibilidad de que algunas piezas de NEOM no se construyan. Por eso Trojena es una especie de coreografía ambiciosa que baila ente la maravilla y la incredulidad; entre la visión 2030 y la física elemental que recuerda dónde está el desierto.













