
La electrónica impresa permite que los fabricantes puedan crear dispositivos electrónicos, un proceso que ya se utiliza en las células solares orgánicas y en las láminas OLED disponibles en algunos teléfonos móviles, los cuales deben protegerse con vidrio contra el oxígeno y la humedad. Ahora un grupo de investigadores de Georgia Tech, dirigidos por Bernard Kippelen, ha conseguido una nueva forma de reducir el trabajo de un conductor, y con ello han logrado lo que sería la primera célula solar de plástico.
Científico con célula solar de plástico
El equipo ha utilizado un material barato, ecológico, y fácil de conseguir: un polímero. Después de procesarlo y de extenderlo en una delgada capa (10 nanómetros) sobre un conductor, vieron que la interacción se volvía estable al aire. La sustitución de metales reactivos por polímeros cambia por completo los requisitos para producir componentes electrónicos, haciéndolos posibles a un menor coste. Por tanto, la ventaja de una célula solar de plástico es que podría fabricarse a un precio inferior a las convencionales de silicio cristalino.
Según Bernard Kippelen, esta tecnología va a eliminar ciertas limitaciones hasta ahora impuestas a la electrónica, aunque aún queda mucho camino por recorrer antes de que se llegue a una producción comercial.
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